Publicado en mi blog, Cien Mil Objeciones, de Libertad Digital.
Permítanme que abuse de este blog para descargar la rabia y el orgullo que siento desde hace algunas horas. Al parecer, el objetivo de El País, la SER, Público y demás es que el PP -concretamente Mariano Rajoy- gane las próximas elecciones generales. Sólo así se explica que el eterno candidato se sitúe en ese cómodo espacio de centro moderno, europeo y constructivo que el PSOE más radical de las últimas décadas y sus aliados mediáticos, nacionalistas y separatistas, le proponen para llegar a la victoria en 2012.
Pero se da una paradoja en ese viaje hacia el PP soñado por Pepiño Blanco emprendido entusiásticamente por Mariano Rajoy (y que a algunos nos hace lamentar no haber votado a Rosa Díez, quien sí defendió en la sesión de investidura aquello que nos llevó a muchos a ver en el PP la alternativa nacional a Zapatero). La paradoja es que cuanto más se acerca el PP a la "socialdemocracia", o sea, al PRISOE, más se balcaniza el partido que se presentó como defensor de una idea liberal de España.
Efectivamente, cuanto más sorayo está el PP, más se habla de sus "barones territoriales" y menos de sus ideas, sus valores, su proyecto y su discurso. No es que el PP se esté acercando al PSOE en ideología, puesto que quienes lo pilotan responden al perfil clásico de derecha (acomplejada, pero derecha), sino que se está acercando al PSOE en cuanto a lo que éste representa en la España actual. La relación entre el PP y el PP de Valencia se parecerá cada día más a la del PSC y el PSOE, según se acerca Rajoy a ese "perfil" entre Blanco y Nacho Uriarte.
Mariano Rajoy perdió las elecciones en el 2004. Hizo la oposición que le dio la gana estos años. Rajoy decidió llevar al TC el matrimonio homosexual, decidió votar a favor de la cláusula Camps y de artículos del Estatuto andaluz que había recurrido en el catalán. Decidió él estar a favor y en contra del canon digital, a la vez, manteniendo a quien lo defendía en la lista del PP por Madrid. Y decidió, él también, convertir a las juventudes de su partido en una especie de ONG ecologista. Y volvió a perder, en 2008.
No es normal lo que pasó ayer en el PP. No es normal que alguien pierda dos veces las elecciones y se apoye en el aparato del partido (reforzado por Aznar frente a la militancia de base) para seguir de Ministro de la Oposición cuatro años más y volver a perder en 2012, y encima trate de echar del PP a cualquier posible rival (o, peor que rival, alternativa ideológica; o ni siquiera, tan sólo cualquier persona que hable de dar la batalla de las ideas).
No es normal que Mariano Rajoy reúna a sus barones territoriales para insultar a todos los madrileños ("25 personas de Madrid") y despreciar a la Comunidad que más votos le aportó a él, a Mariano Rajoy. No es normal decir que en el PP caben todos, incluidos los socialdemócratas, y que los liberales pueden ir buscándose otro partido. Ah, y los conservadores (eso irá por Cascos o por Mayor Oreja).
Y tampoco es normal, fuera de una república bananera, tratar de construir tu legitimidad como candidato en políticos extranjeros que, como Sarkozy (declarado "de derechas") o Merkel, sí ganan las elecciones y, además, con un proyecto propio. E ideológico.
Lo que sí es normal es que se insulte al liberalismo mientras se balcaniza el partido para apoyarse en los aparatos territoriales. ¿Por qué? Porque, como demuestran cada día el zapaterismo y el nacionalismo, y también Rajoy, España y las libertades son dos conceptos indisolubles: la Nación es la garantía de los derechos individuales.
O, si no, véase el PP. No van a votar en junio los militantes, sino los barones. Va a votar el aparato para que siga el aparato. ¿A que está bien? Rajoy nombra a los barones y éstos nombran a Rajoy. Y, así, como quien no quiere la cosa, nos estamos diez años de Ministro de la Oposición. Y, cómo no, también este Ministerio insultando a Madrid y a la alternativa liberal y nacional de Esperanza Aguirre; alternativa no ya a Zapatero, tampoco a Rajoy, alternativa a la situación política que empezó en España con el Pacto del Tinell, y a la que tantos españoles y tantos liberales tampoco nos resignamos.
Voté al PP porque milito en el PP, y milito en el PP porque si en él caben personas como Aguirre, Vidal-Quadras u otros muchos liberales, también cabía yo. Ayer a mí también se me invitó a irme a otro partido. No me importaría, si fuera algo que decidieran los militantes, no el sucesor a dedo del sucesor a dedo.
Lo que tiene que hacer Mariano Rajoy es no refugiarse en el aparato del PP sino, como dice él, dar la cara. Pero dar la cara no es Bulgaria, dar la cara es no presidir el PP de aquí al Congreso de junio y presentarse como un militante más. Dar la cara es convocar elecciones primarias en que cada militante, cada afiliado, cada simpatizante, pueda decidir quién es el candidato de su partido. Unas primarias en las que mi voto valga lo mismo que el de Camps, que el de Arenas o que el del irreconocible Daniel Sirera.
Mientras tanto, tampoco en lo que a política "de partido" se refiere, voy yo a resignarme. Soy militante del PP y en calidad de tal, y de titular del derecho fundamental a la libre expresión, escribo estas reflexiones. Que siga, pues, el debate ideológico.
