Mi primer contacto con el liberalismo se lo debo a la Web http://www.liberalismo.org/. Nunca me ha gustado depender de los demás (véase la manía que le tengo a hacer trabajos en grupo, o el hecho de que jamás he copiado en un examen porque suponía depender de otros), y de pronto me encontré con una ideología que se basaba precisamente en ese individualismo. La verdad es que por mucha izquierda y mucho "asociacionismo" que yo hubiera defendido, siempre me sentí identificado con aquel chiste de Churchill de que el mejor argumento contra una democracia es una charla de cinco minutos con el votante medio. La democracia era el mejor sistema político posible, pero cuanto mayor fuera el ámbito de decisión individual y menor el colectivo, por democrático que fuere, mejor.
Así que ese fue el primer liberalismo que conocí, el clásico, el económico, el de Adam Smith y el de Hayek. El de Xavier Sala i Martín. Sólo importaba el individuo, sólo en la esfera individual de autonomía estaba la libertad. Me identificaba entonces con el Ni Marx ni Jesús de Jean François Revel y con aquello de que los socialistas eran demasiado conservadores y los conservadores demasiados socialistas de Arthur Seldon que tanto repetía Esperanza Aguirre. Conservadores y católicos eran para mi equidistantes de socialistas y comunistas, sólo el liberalismo significaba libertad, aunque nunca me identifiqué con la izquierda libertaria tipo Emma Bonino, sino con Reagan y Thatcher y con sus equivalentes Aznar y Aguirre.
Oí a Federico Jiménez Losantos por primera vez cuando la Unión Democrática de Estudiantes que yo presidía estaba organizando con otras entidades educativas la manifestación del 12 de noviembre de 2005. Me gustó primero porque era gracioso (lo que ya me había hecho fan de Woody Allen antes y de House después), segundo porque era inteligente y tercero porque se notaba su formación de filólogo en todas sus críticas; eso me gustaba y convertía un programa de noticias en un comentario del tipo de los que yo situaba en la España noventayochista. Además, me gustaba lo que decía de la educación, eso de prohibir por Ley que los padres se acercaran a menos de 10 km. de los colegios (más que nada por el contraste con todo el rollo de la participación de la comunidad educativa y de los Consejos Escolares del que yo acababa de huír y que también defendía cierta derecha) y de que cargarse la escuela pública favorecía al rico tonto y perjudicaba al pobre listo. Me gustaba porque era un discurso liberal que pensaba sobre todo en quienes menos tenían, en mejorar la escuela pública librándola del socialismo y en defender al profesor frente a APA y Hampas.
Oyendo a Jiménez Losantos aprendí dos cosas fundamentales para mi pensamiento liberal: sin Nación española no hay libertad y la coalición entre católicos y liberales es necesaria no sólo para llegar al poder sino para defender unos valores, unos sentimientos y unas políticas que eran más comunes de lo que yo pensaba, con contadas excepciones.
Lo primero, que luego profundicé leyendo a Alejo Vidal-Quadras, a Juan Carlos Girauta y a José García Domínguez, me hizo entender la diferencia entre el nacionalismo y la defensa del inseparable binomio España y libertad. La Nación española de los liberales no era un proyecto identitario, colectivista, como yo entendía entonces cualquier idea nacional. Era algo mucho más sencillo: la defensa de un espacio de libertades y de igualdad jurídica entre todos los españoles. Si retrocedía España, retrocedía la libertad, y al evidente caso vasco se le unía la persecución de los castellanohablantes en Cataluña. No había nacionalismo alguno en defender una idea nacional de España porque no se buscaba la homogenización de una sociedad desde el poder público invadiendo libertades individuales, como sí hacían los nacionalistas étnicos o territoriales, sino defender derechos individuales, de personas en vez de territorios, a lo largo y ancho del territorio español. Sin un Estado-nación que garantizara esa libertad y ese marco de igualdad ante la Ley, la alternativa eran proyectos identitarios regionales incompatibles con la libertad.
Y en cuanto a entender el liberalismo como la defensa de una derecha fuerte, de un movimiento social liberal-conservador, que incluyera a católicos, conservadores, etc., y que tuviera entre sus objetivos la defensa de la Nación y de la libertad, vino de la mano de los ataques de Zapatero a los católicos y de oír sus reivindicaciones. Los católicos no estaban pidiendo leyes que impusieran una moral colectiva, estaban defendiendo sus derechos como individuos. En la cuestión educativa se veía clarísimo: lo que la Iglesia quería era libertad para educar en sus convicciones, no imponer nada a nadie. La Iglesia no era ya un enemigo del liberalismo; frente a ZP, sólo buscaba defender su derecho a existir. Por eso, dejando de lado diferencias en cuestiones como el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, las reivindicaciones católicas y liberales frente a ZP eran claras: libertad invidual.
¿Y la educación? ¿Qué era el liberalismo educativo? ¿Privatizar todos los centros públicos, suprimir los impuestos destinados a financiar la educación y que cada familia se hiciera cargo libremente de la educación de sus hijos? Me parecía insuficiente. Por suerte, Regino García-Badell me recomendó leer los artículos escritos al respecto por Alicia Delibes (que además de liberal era su mujer), y de ahí vino el pilar educativo del liberalismo. Más que política, la alternativa era cultural, y encajaba con el modelo liberal de Jiménez Losantos y con las reformas educativas de Esperanza Aguirre y de Pilar del Castillo.
La defensa del esfuerzo, la disciplina, la evaluación de los resultados, el prestigio del saber... era una alternativa al actual modelo de pedagogismo y dejadez de la enseñanza más cultural que política y que sonaba más conservadora que liberal. Pero pronto entendí que la Instrucción Pública era un componente fundamental del Estado liberal porque permitía la promoción social de aquellos sin recursos pero con talento y con fuerza de voluntad; era un instrumento de movilidad social y de igualdad de oportunidades, de hacer realidad ese sueño liberal americano de que el hijo del más pobre pudiera llegar a ser Presidente de EE.UU. Luego Alicia escribió su libro La gran estafa y Sarkozy empezó a dar aquellos vibrantes discursos anti-Mayo-del-68. No era nada conservador, era lo más liberal del mundo que la escuela fuera un instrumento útil para que pudieran prosperar quienes tenían capacidades pero no dinero, objetivo que nada tenía que ver con todo el rollo pedagogista y progre que tenía la Izquierda educativa.
Y para terminar la cultura; la desmitificación de la multiculturalidad a la que parecía llevar un menor protagonismo del Estado y un mayor flujo de personas, consecuencia de la globalización. Gracias a FAES y a los libros que editó, así como a Oriana Fallaci, Pim Fortuyn, Ayaan Hirsi Ali, Mark Steyn y Bruce Bawer, comprendí que resultaba fundamental defender la civilización occidental y sus valores para defender los derechos individuales. Primero, porque había que garantizar que el Islam político no ganaba peso como alternativa cultural a Occidente, ya que en Occidente tenían hueco la libertad de expresión, la propiedad, la libertad sexual, la igualdad y la democracia, y en el islamismo que se propugnaba como alternativa no. Y segundo esas libertades no pueden ser un privilegio para los occidentales, deben extenderse aunque no sean propias de otras civilizaciones porque se diga lo que se diga son moralmente superiores. Y eso justificaba una política exterior basada en una determinada idea del Bien y del Mal (lo que algunos llaman neoconservadurismo y de lo que aprendí leyendo al GEES y a José María Marco), que defendiera la presencia de Occidente en el mundo, y una política de inmigración que exigiera la integración. El liberalismo no era ver burkas por las calles londinenses porque el burka no representaba la libertad sino el sometimiento de la mujer que lo llevaba.
Sí, sin duda el liberalismo era algo más complejo que defender la libertad individual. Pero en todos los casos anteriores, ese era siempre el objetivo.
viernes 9 de noviembre de 2007
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2 comentarios:
Álvaro, oí la entrevista que te hizo Federico Jiménez Losantos hace ya tiempo y me quedé con tu nombre y con tu Unión Democrática de Estudiantes porque me gustó tu discurso. En aquél entonces yo estaba preparando mi página web www.papaestado.com, que intenta tratar sobre el liberalismo desde un punto de vista cotidiano, de la calle.
Ahora me he encontrado tu blog por casualidad y, dado que suscribo palabra por palabra todo lo que dices, si no te importa voy a poner un enlace apuntando a él desde mi página.
Te invito a tí y a cualquier otro que pueda dejarse por aquí a daros una vuelta por www.papaestado.com y a registraros y escribir vuestros propios artículos si os gusta. Ése es el espíritu de la página.
Saludos.
Será un placer incluir el link de tu web, que intentaré ver con detalle esta semana, registrándome, y que tiene un formato muy original. Gracias.
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