sábado 3 de noviembre de 2007

Mi adiós a la Izquierda

En 2º de la ESO conocí de cerca el sindicalismo de izquierdas, por motivos básicamente familiares. Empecé a leer a Marx, cuyo Manifiesto Comunista me atrajo tanto por lo ético como por lo estético, desde aquel fantasma que recorría Europa hasta aquellos comunistas de todos los países que no tenían nada que perder salvo sus cadenas.

Con 13 años me cambié de colegio, a uno concertado. Al poco de llegar, y con el único currículum de haber recogido firmas para una petición de Izquierda Unida contra Ariel Sharon, me presenté a las recién convocadas elecciones a representantes de estudiantes en el Consejo Escolar. Lo hice con el objetivo de suprimir el uniforme, que consideraba un símbolo de elitismo y opresión de inspiración católica. Desde el primer momento, entendí aquellas elecciones como una "lucha de clases" de los alumnos contra una APA católica y un Director votante del PP.

Tras el fracaso de mi propuesta de "abolir" el uniforme en un Consejo Escolar controlado por aquellos padres que yo veía reaccionarios y ultracatólicos, así como un choque con los profesores que yo consideraba más conservadores a cuenta de la retirada de crucifijos que exigí y, en parte, conseguí, consideré que había llegado el momento de constituir una asociación de estudiantes que diera fuerza a "los estudiantes" frente al resto del mundo (empeñado en que nuestro único papel era estudiar), imitando así el sindicalismo de clase.

No voy a aburrir más con lo que siguió a todo aquello. Tras la asociación, vino mi militancia en una federación de estudiantes de izquierdas, así como mi acercamiento a la agrupación juvenil del PCE, que no fue más allá porque todo aquel entramado de asociaciones y federaciones de izquierdas representadas en Consejos Escolares y de la Juventud parecía el mejor camino hacia la emancipación (participativa) estudiantil.

A todo ese mundo asociativo, participativo y federativo (al que hoy considero sectario y en gran medida responsable del fracaso escolar de una cuarta parte de los escolares españoles) debo un proceso de reflexión que me llevaría a alejarme del mismo. Pues fueron todas esas asociaciones las que me hicieron seguir con suma atención un debate que acababa de empezar: la Ley de Calidad de la Educación del Gobierno de derechas de José María Aznar.

Resulta que, pese a que mi colegio era concertado, en cada clase había algún gamberro (lo que hoy sería un problema de convivencia cuando no de gestión de la interculturalidad), obligado a pasar allí largas horas del día para llegados los 16 años poder trabajar en el oficio manual del padre. Esos, junto con algunos inmigrantes musulmanes que en vez de ir a clase iban por los pasillos atacando a los demás, protagonizaban enfrentamientos con alumnos y profesores (hoy, la "comunidad educativa") y destrozos del mobiliario casi a diario. Y yo, que no despertaba grandes simpatías entre los mencionados, sabía, por mis compañeros, que de esos había diez veces más en los Institutos públicos, que se suponía que estábamos defiendiendo los que éramos de izquierdas.

Por todo ello, me pareció de lo más sensata la propuesta de Pilar del Castillo, quien también en su momento había sido comunista ('Bandera Roja' y luego PCE), avalada por Aznar, de separar a los alumnos en distintas vías de estudio desde los 14 años. Me parecía de sentido común, aunque entonces no me atreví a decirlo, primero porque el colegio de La Moraleja en que yo había estudiado (gratis) unos años atrás ya organizaba a los alumnos por niveles en Inglés y Matemáticas y eso había ayudado al éxito de muchos o, al menos, a no condenar a todos al fracaso. Y, segundo, porque me parecía una injusticia tener que aguantar en clase a los gamberros de siempre, los que me hacían no querer ir a un Instituto público.

Ahora se me ocurre que también esos chicos -algunos de los cuales veo a veces por la calle- podrían haber salido beneficiados si hubieran estudiado 2 años de una especialidad de Formación Profesional que les motivara algo en vez de perder el tiempo insultándonos a los demás; tal vez incluso se hubieran esforzado, no habrían malgastado todos esos años, y habrían mejorado algo su situación de "certificado de escolaridad" al salir del sistema educativo.

El caso es que ahí empezó todo, con la Ley de Calidad "del PP", que se decía en la izquierda. Cada vez resultaban más sospechosas mis ideas en las Juntas Directivas de la citada federación de estudiantes de izquierdas, donde la tónica general era que había que salir a la calle a defendernos de las agresiones del PP. Me fui distanciando hasta que la dejé definitivamente para fundar otra organización, entonces muy pequeña, de estudiantes que apoyaban todas esas reformas y que posteriormente contaría con la ayuda de Esperanza Aguirre, a quien yo sólo conocía entonces por Caiga Quien Caiga, y quien es hoy mi principal referente político.

Debo decir que en esa deserción de la izquierda me encontré con el apoyo de muchos profesores de izquierdas que sí estaban de acuerdo con todo eso de la Ley de Calidad. Pero aún me faltaría lo más importante, conocer esa ideología que sustentaba la reforma de Pilar del Castillo y el Gobierno de Aznar, las propuestas educativas de Aguirre y a todos aquellos que habían dejado la izquierda en algún momento de su vida. Sin saberlo, y sin conocer aún a quienes luego más me influirían intelectualmente, empezaba a hacerme liberal.

3 comentarios:

Marisa Hernanz dijo...

Pienso que toda tu actividad manifiesta que quieres hacer algo para mejorar la sociedad, que no has pensado que lo que piensa la mayoría es lo más acertado si esas ideas no respetan la libertad de pensar, opinar y actuar con sentido crítico.
Te apoyo.
La educación puede mejorar con actuaciones políticas y legales que apoyen la autoridad de los profesores que haen pensar a los alumnos-as y les muestras los conocimientos que se indican en los currículo sin "contemplaciones" a los "psicologísmos logsianos"

Álvaro Vermoet dijo...

La educación sólo será un instrumento de promoción social si reconoce el mérito y la excelencia; si no lo hace, el esfuerzo y el talento no servirá de nada sin posibilidades económicas.

Por eso la pedagogía de izquierdas y el igualitarismo progre e hipócrita han perjudicado especialmente a la enseñanza pública, que en muchos casos ha dejado de ser útil a quienes no tienen otra forma de salir adelante, entre los que no se encuentran los hijos de los políticos del PSOE.

"La democratización de la cultura es brindar todos los medios para que el mayor número de personas pueda amar a Sófocles, Shakespeare o Racine, no suprimir a Sófocles, Shakespeare o Racine (...) Quiero decirles a los pedagogos que aunque no hay que aplastar la personalidad del niño, ni ahogar su espontaneidad, no por ello hay que renunciar a instruirlo (...) La escuela no es deliberativa, no es el coloquio permanente. La escuela es la transmisión del saber, de las normas y de los valores" Nicolás Sarkozy.

O, más sintéticamente, "Si degradas el nivel de la enseñanza pública al que perjudicas es al pobre listo, y al que favoreces es al rico tonto" Federico Jiménez Losantos.

Pablo dijo...

Ay, qué bonito y tierno todo esto que cuentas, oye..

Un saludo de uno de los redactores de dosmanzanas.com, esa página en la que comentas de vez en cuando.

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